La impronta española en la tabla periódica de los elementos

Los elementos de la tabla periódica han sido descubiertos, en su mayoría, por británicos, suecos, alemanes, estadounidenses o franceses. Sin embargo, este listado, que, en mayor o menor grado nos es familiar a casi todos, también alberga una importante presencia española. El wolframio, también conocido como tungsteno, un metal escaso en la corteza terrestre y utilizado en los filamentos de las lámparas incandescentes, entre otras aplicaciones, fue descubierto por los hermanos logroñeses De Elhuyar, Fausto Fermín y Juan José, en 1783.

Los hermanos tuvieron unas mentes privilegiadas. Fausto Fermín estudió medicina, cirugía, química y, más tarde, junto a su hermano Juan José, cursó matemáticas, física e historia natural, en París. Entre los dos descubrieron el único elemento químico aislado en suelo español, dos años después de que otro físico, llamado Carl Wilhelm Scheele, describió el wolframio, pero solo aisló su óxido (WO3) a partir de un mineral llamado scheelita en su honor. Los Elhuyar realizaron su hallazgo en el Real Seminario de Vergara, donde tenía su laboratorio la sede de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

La nacionalidad de los elementos es algo muy discutible. Aunque en el caso del tungsteno no haya dudas, hay ocasiones en las que se tiene en cuenta el lugar en que se descubrió, la nacionalidad del descubridor o descubridores -hayan trabajado juntos o por separado-, la de los que dieron su nombre al elemento o incluso la de los que hicieron la primera descripción del mismo. A esta ecuación hay que añadirle una incógnita más, ya que hay que tener en cuenta que las fronteras y los nombres de los países han sido alterados con el paso del tiempo.

Si tenemos en cuenta estos factores, en la tabla periódica existen otros dos elementos con la impronta española. En 1735, el astrónomo y marino Antonio de Ulloa y de la Torre Giral, en su viaje con Jorge Juan y Santacilia a la América Meridional observó un mineral denominado ‘platina’ en las minas de oro del rio Pinto, en la actual Colombia. Pero este viaje no terminó del todo bien para él. Cuando intentaba regresar a España, en 1745, su barco fue atacado por corsarios y Ulloa terminó siendo capturado por la marina británica. Confiscaron sus bienes, lo llevaron a Londres, pero más tarde fue puesto en libertad… y le devolvieron sus documentos, donde guardaba este descubrimiento. Ulloa llevó a Madrid ejemplar de dicho mineral, que a día de hoy se conoce como Platino, un metal precioso y utilizado, principalmente, en joyería.

El tercer y último elemento en el que ha jugado un papel importante un español es el vanadio. Cuando en España reinaba Carlos IV, el madrileño Andrés Manuel del Rio Fernández dijo haber descubierto, en 1801, el elemento número 23 de la tabla periódica de los elementos, hasta entonces desconocido, en una mina de plomo mexicana, en Zimapán. Como las sales de este elemento eran rojas, lo denominó eritronio (de eritros, que en griego significa ‘rojo’).

Sin embargo, cuatro años después el químico francés Hippolye Victor Collett.Descotils dijo que, en realidad, lo que había hallado Fernández era cromato básico de plomo, por lo que el español decidió retirar su reivindicación. Pero unos años más tarde, en 1830, el sueco Nils Gabriel Sefström retomó las investigaciones del español y encontró ese material, al que denominó Vanadio en honor a Vanadis, la diosa escandinava de la belleza. Por tanto, se considera que los padres de este elemento son el sueco y el español. El Vanadio se emplea principalmente en algunas aleaciones, aunque lo más común es verlo como aditivo del acero usado en instrumentos quirúrgicos y herramientas, o mezclado con el aluminio para realizar aleaciones de titanio empleadas en motores de reacción

Escriba aquí su comentario: