Mateo Orfila, el padre de la toxicología forense

Mateo José Bonaventura Orfila (1787-1853) estaba llamado a hacer grandes cosas. Con tan solo 14 años ya se dedicaba a impartir clases de matemáticas. Orfila, un joven autodidacta que creció en el seno de una familia de comerciantes, es considerado el padre de la toxicología forense al establecer las bases sobre las que se asentaría esta disciplina.

El padre de Mateo quería que su hijo fuese marino, pero él se decantaba más por las ciencias: quería estudiar la carrera de medicina, por lo que contactó con el profesor de origen alemán Carlos Ernst Cook, quien tenía una escuela en Mahón (Menorca), lugar de nacimiento del propio Mateo. De este modo, el joven balear recibió una educación elemental en matemáticas, ciencias naturales y física.

En la isla no podía estudiar Medicina, así que viajó a Valencia para asistir a la Facultad de la ciudad. Allí encontró carencias educativas, de modo que sacó a relucir su lado más autodidacta y decidió aprender química por sí solo a través de las obras de los principales autores franceses y de pequeños experimentos que realizaba en su casa. Pero Mateo no estaba contento en Valencia, de modo consiguió una beca para continuar sus estudios en Madrid y, posteriormente, en París.

Fue allí donde se fue labrando un nombre y consiguió cierto estatus social. Orfila realizó múltiples experimentos con más de 5.000 perros a los que administraba diversos compuestos para estudiar sus efectos. A consecuencia de estas investigaciones, Orfila publicó en 1814 su primer y más importante libro, Traité des Poisons (Tratado sobre los venenos, en español), con el que asombró a la comunidad científica de la época.

A día de hoy, sigue siendo considerado como una herramienta fundamental para el desarrollo de la toxicología del siglo XIX. En la obra, Orfila demostró, entre otras cosas, que los tóxicos podían ser absorbidos completamente por el cuerpo de la víctima y que la difusión de los tóxicos por el cuerpo se realizaba a través del sistema circulatorio (y no mediante el nervioso, tal y como se creía en aquella época).

Orfila hizo carrera en París y no quiso volver a España. En 1818 publicó Eléments de chimie médicale (Elementos de química médica, en español), y a sus 31 años consiguió una plaza de profesor en la Facultad de Medicina de París. Más tarde, en 1822, obtuvo la cátedra de Química, paso previo antes de convertirse en el decano de la Facultad. Mateo Orfila pasó sus últimos años enfermo, pero continuó trabajando: revisó sus grandes tratados de toxicología y química y siguió dando clases hasta semanas antes de su fallecimiento, en París, el 12 de marzo de 1853.

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